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martes, 14 de julio de 2020

Evidencia en el siglo XXI

Evidencia en el siglo XXI

Las personas somos vulnerables y necesitamos una atención humana integral. Un virus invisible ha alterado nuestro modo de vida y nos ha obligado a pararnos. Y todo parón es una oportunidad para repensar nuestra existencia. 

Nos hemos dado cuenta de que necesitamos los unos de los otros. El ser humano es cuerpo, mente y alma y, por tanto, para sanar el cuerpo hace falta cuidar la mente y también el alma. El alma no la curan los medicamentos sino el contacto con los seres queridos y con Dios. 


Se ha visto la importancia de humanizar nuestros hospitales, de descubrir nuevas alternativas para que los pacientes graves no tengan que abandonar esta existencia sin la cercanía y el contacto con los suyos. 
Redescubrir el valor de nuestros mayores. No podemos abandonarlos en el momento de la enfermedad, pero tampoco debemos dejarlos solos en residencias sin visitarlos asiduamente, condenándolos al abandono de la soledad. 
Hemos visto la necesidad de cuidar la creación y luchar juntos contra los efectos del cambio climático, cuyas causas son la irresponsabilidad de la humanidad y la extracción irracional de los recursos que Dios regaló para todos.


Nos hemos preguntado sobre el sentido de la vida y sobre el modo en que la estamos viviendo. Vivíamos sumamente ajetreados, absorbidos por lo urgente y distraídos por cuestiones secundarias. Hay que redescubrir lo que realmente importa.


¿Hay vida más allá de la muerte?
Esta pregunta, ante la gran cantidad de fallecidos, ha resurgido (aunque algunos la hayan querido ocultar).
¿Qué será de nuestros familiares y amigos que han sufrido una muerte inesperada y en soledad? ¿Se ha acabado todo para ellos? 
La muerte es el paso desconocido que hemos de cruzar para pasar a la vida plena en Dios y el tránsito para el reencuentro con nuestros hermanos que nos han precedido.

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