"La Iglesia no tiene las puertas cerradas a nadie”.
Con grave desconocimiento se dice que los divorciados que han vuelto a tener pareja, están excomulgados de la Iglesia, es decir, ya no pueden formar parte de la comunidad que asiste a recibir los sacramentos. Y argumentan que contradecían el sacramento del matrimonio.
No es compatible esa postura con la consideración de la Iglesia como una madre que busca siempre el bien y que no excluye a nadie. Decía Francisco en agosto de 2015 que “Es necesaria una fraterna y atenta acogida, en el amor y en la verdad, hacia estas personas que en efecto no están excomulgadas, como algunos piensan: ellas forman parte siempre de la Iglesia”.
"¿Cómo podemos pedirles a estos padres educar a los hijos en la vida cristiana si están alejados de la vida de la comunidad?". La Iglesia es, "la casa paterna en la que hay espacio para todos" y de la que también los divorciados "pueden formar parte”.
A veces la separación de un matrimonio puede ser "moralmente necesaria" cuando se hace para proteger al cónyuge más débil o a los hijos más pequeños. Este tipo de situaciones familiares no son "irregulares" y la Iglesia se debe plantear ayudar y acompañar a estas familias.
Ya en setiembre de 2013 decía: La Iglesia es "la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas”.
Y en julio de 2013 ,”La Iglesia es madre, debe ir a curar a los heridos con misericordia. Si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos otra elección que esa”.
Dios siempre sale al encuentro. Esa es la verdadera misericordia.







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