Comienzo un día de noviembre de 2020 con la noticia que decía: “Presidente espera que el Papa "no se enoje" por legalizar aborto en Argentina”
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, dijo que espera que el Papa Francisco no se enoje por su proyecto para legalizar el aborto.
¡Qué curioso comentario! El presidente incluso dice que se declara católico. Y justifica que tiene que resolver un problema de salud para la población argentina.
¿Qué pasa en este comienzo de siglo XXI con estas personalidades ante las cuales millones de ciudadanos tienen que afrontar a diario el discurrir de sus vidas?
Deducimos que el presidente argentino tiene claro que el ponerse a favor del aborto no es ético ni moral, pero que puede hacer excepciones en esa propia conciencia y dejarse llevar por las “voces llamadas progresistas” que claman legislar a favor de un crimen. Porque el presidente gobierna para muchos o para algunos ciudadanos de su país que no son católicos y que no tienen interioridados esos valores de respeto a la vida. Y lo “rejustifica” diciendo que se trata de un problema de salud pública.
Pero el Presidente espera que el Papa no se enfade, pues lo admira y valora, y el papa lo sabe. Y también se autojustifica diciendo que el Vaticano, que es un Estado dentro de Italia, país donde el aborto está permitido. Por todo ello, espera que el Papa lo entienda.
¡QUE GRAN COBARDÍA! ¡QUÉ CINISMO! ¡QUÉ GRAN DESPRECIO A LA VIDA!
Ahí tenemos una contribución mayor en pleno inicio del siglo XXI (2020) a la mayor tragedia de la humanidad, que espero que un día termine.
De momento, el Papa Francisco pocos días después escribía esta carta manuscrita a a la diputada celeste Victoria Morales Gorleri.








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